La política chilena resalta virtuosamente si miramos en una retrospectiva con sentido histórico. Su alto nivel, refiriéndome al siglo XIX más que a la actualidad, provoca hoy en mi una reflexión con síntomas de pena, con señales de descomposición, con una amargura enorme. La política no ha pasado a ser una herramienta social en desuso, si no que su mal uso ha sido lo que precisamente ha provocado su agonía. La teleología política, a mi entender, como herramienta pública básica de participación y representación democrática ha sido remplazada por un sencillo principio en donde la utilidad propia es el motor. Así, la actualidad se resume en vanos intentos de salvar a la llamada izquierda chilena, quien agoniza en lo profundo de un ligero, popular y cínico discurso político.
El tema que continua lógicamente es porque es ahora que debemos reflexionar sobre tan trillado tópico. La respuesta parece asomarse a al luz del calendario; Chile se acerca fugazmente al bicentenario de la existencia de república. Entonces, es la misma política quien ha realzado el concepto del bicentenario, llenando el concepto de ilusión, de engaño y de perversión; cuando lo que realmente se debiera hacer es reinventar el concepto de política, tan empolvado en la cultura cívica de las nuevas generaciones, las del bicentenario precisamente, y construir un proyecto país mirando a futuro, un chile del “tricentenario”. Abandonar de una vez por todas la toxica política 1.0 e innovar, dirigir con franqueza y fortaleza, con cariño, con amor a la patria, con valores, con virtud.
Y es que los actores políticos no poseen virtud alguna, y claro, como en la sacra constitución no se exige más que lo mínimo, nos hemos olvidado de las condiciones morales que se exigen para representar, de cualquier manera, a la democracia, a la política, a todo chileno. Esto contrasta fuertemente con los sujetos del siglo pasado y más aun, del siglo XIX. Políticos como Portales ni tienen hoy si quiera el más pequeño contrincante, la más somera sombra. La capacidad administrativa y política de los antiguos políticos, además de ser reconocida de manera internacional, llevo a Chile a ser considerado un país de excelencia en lo político-económico así como en la atmosfera cultural-política. Hombres de virtudes gigantes como las montañas, que podían hacer de la política un arte.
En chile, coincide el apogeo político e institucional con el punto de explosión y expansión económica, mas no coincidente, específicamente a mediados del siglo XIX, en donde se genera, en un abanico de temas, una expansión, un crecimiento y madurez. Se crea, a mi juicio, la política propiamente tal con la formalización de los partidos políticos, antes meros movimientos doctrinarios, y la formación de las distintas alianzas entre ellos, más aun la fusión liberal-conservadora, férrea a defender la republica de un estado omnipotente que no parecía tener límites. De la mano de la expansión política, llega la inmensa participación ciudadana en el los procesos políticos, que sin duda perfecciono aun mas el arte de lo político. Se señala de sobremanera la frecuente cantidad de visitas que llegaban a admirar las sesiones del congreso, en donde se discutía apasionadamente. Brillantes discusiones ideológicas, dignas de admirar, que resaltaban la intelectualidad política, tan ausente hace décadas.
A su vez, en el ámbito económico, se generan ciclos de exportación de trigo hacia California, Perú y Oceanía que expanden y consolidan, aun más, la institución hacendal y el carácter rural de Chile, además, de fortalecer al valle central. Esta expansión impulsa, por ende, al comercio mercantil en chile, y Valparaíso se apuntala como un gigante en el pacifico.
Si pudiéramos mirar la historia como un gran y tormentoso río, en donde diversos afluentes se congregan conformando el pasado, el presente y el futuro, seguramente Chile seria hoy un delta tan disperso como amorfo. Sin duda año 1891 seria una catarata de enormes proporciones, en donde su fondo no se vas más que niebla. El río lo podríamos ver aparecer por allá por los años 80’, en donde sus riveras son más verdes y hermosas, pero más allá de las riveras solo veremos desierto, aridez, sequedad. Ya allí, el río se vuelve ágil, caudaloso y rápido. Se conecta, ya sea por canales naturales o artificiales con otros ríos, generando delicados ecosistemas.
Ciertamente no es un río navegable ni fácil de nadar. Pero los chilenos hemos podido recorrerlo y hasta darle forma por casi 200 años. Una extraordinaria y ardua tarea de la cual debemos estar orgullosos.
Por ese esfuerzo que hemos dado al labrar el país, es que debemos reflexionar y actuar, en ese orden y nunca de otro modo, de lo político en chile. Actuar por lo nuestro, dar a chile su elegancia eterna pero ausente, esquiva. Es hora de capturarla y no soltarla.


"innovar, dirigir con franqueza y fortaleza" buen artículo ciertamente el bicentenario es una coyuntura política história no tanto por la fecha que esciende un nuevo siglo, sino por la vorágine de problemas, inflexiones, sueños, esperanzas y cambios latentes y manifiestos que estamos viviendo de cara al bicentenario.
saludos